Oriana se dejó caer en su cama, el pecho subiendo y bajando rápidamente mientras intentaba recuperar el aliento. No podía borrar la sensación de los labios de Gabriel sobre los suyos, la forma en que sus manos la habían sujetado con desesperación, como si estuviera a punto de perderla de nuevo.
Se llevó los dedos a los labios, sintiendo aún la presión de su boca.
La risa de la señora Matilde todavía resonaba en su cabeza, pero no podía opacar lo que realmente importaba.
Gabriel la había besado.