En el despacho, los hombres hablaban de negocios mientras Gerald revisaba constantemente su celular.
Marcus fue el primero en notarlo.
—¿Pasa algo?
Gerald levantó la vista y dejó el teléfono sobre la mesa.
—Bueno... hay algo que Erick y Noah deben saber.
Los dos lo miraron de inmediato.
—A Marcus alguien lo está atacando.
Miguel frunció el ceño.
—¿De qué manera?
Marcus tomó la palabra.
—Desde las sombras. En América nos quitaron clientes y aquí, en París, congelaron las líneas de crédito. Ademá