Gerald se paseaba por el hospital de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto, sus pasos marcaban un ritmo desordenado en el suelo pulido mientras sus manos se cerraban y abrían una y otra vez, la imagen de Gracia en el callejón no dejaba de repetirse en su mente, su cuerpo en el suelo, la sangre, los golpes, todo volvía como un maldito eco imposible de silenciar, su respiración era irregular, errática, como si en cualquier momento fuera a romperse por completo, cuando de pronto las puertas