Patricio sacó su celular, abrió el álbum de fotos y me lo puso en las manos, comenzando a contar aquella historia inolvidable.
—Mira, ¡esta es la verdadera Aurelia!
Dirigí mi vista al celular, a la foto de la niña. Era realmente hermosa, con unos grandes ojos vivaces y oscuros, y una sonrisa resplandeciente.
—La noche después de la muerte de Mónica, nos acurrucamos juntos en esa habitación vacía. Nunca olvidaré esa sensación de soledad, desamparo y miedo— Me miró, sus ojos llenos de dolor.
—Yo t