Los dos pequeñines estaban emocionados hasta no poder más, compitiendo por ser el primero en hablar sobre las actividades del día. Dulcita, con ojos llenos de esperanza, señaló hacia los premios en el podio.
—¡Papá, mira, también hay premios!
Patricio, con toda la confianza, preguntó.
—Dulcita, ¿cuál premio te gusta? ¡Dímelo!
—¿Estás seguro de que vamos a conseguir un premio? —Dulcita lo miró dudosa.
Patricio asintió con firmeza, declarando con autoridad.
—¡Papá nunca ha perdido!
El rostro de Du