El movimiento instintivo de Patricio captó mi atención. Levanté la mirada sorprendida hacia él y le pregunté: —¿Patricio... ...qué te pasa?
—Estoy bien...
Pero justo después de decir eso, su alta y erguida figura se desplomó hacia mí, y me pareció percibir un olor a sangre...
Lleno de pánico, grité a todo pulmón: —¡...Médico!
Cuando el médico llegó, Patricio ya había perdido el conocimiento.
El médico lo examinó cuidadosamente y descubrió que su brazo estaba herido, parecía ser una herida de bal