En ese preciso momento, un grito repentino rompió el silencio: —...¡María, cuidado!
Me sobresalté, y antes de que pudiera voltear, Patricio reaccionó más rápido, arrastrándome hacia su otro lado. Al mismo tiempo, vi una sombra negra lanzarse hacia Patricio, empuñando un cuchillo. Grité alarmada: —¡Patricio!... ¡el cuchillo...!
Patricio esquivó el ataque y empezó a luchar contra aquel hombre. Grité, aterrorizada, incapaz de creer lo que sucedía ante mis ojos. Los guardias de seguridad del restaur