Di un grito, cerré los ojos y esperé el momento en que la fuerza de impacto gigante me derribara. Pero al siguiente segundo, sentí que mi cuerpo era abrazado por un brazo sólido.
En medio del susto y de los aplausos, abrí los ojos y descubrí que estaba en los brazos de un hombre alto. Estaba envuelta en la característica esencia masculina de ese hombre.
El hombre llevaba una mascarilla negra y sus ojos profundos se clavaban intensamente en mi rostro. Por alguna razón, esos ojos me hacían sentir