Mientras sostenía el arma con ambas manos, el corazón de Nina latía en sus oídos.
Hay cosas que deben hacerse.
Arrebatar el arma del hombre que la ata a una silla o disparar cuando la amenaza es inminente, es de esas cosas.
No se planean.
No se piensan.
Son, simplemente, acciones desesperadas.
— No te vas a exponer así.
El General Domoniccie se ajustaba el chaleco antibalas e ignoraba a Dante.
— Si los hombres de Greco te ven, no habrá manera de evitar que las cosas dentro se salgan de control