De un segundo a otro, Salvador, que tenía los ojos rojos de la ira y se sostenía de la pared para no perder el equilibrio, pasó a esa expresión fría e impenetrable que solía llevar cuando se jugaba la vida en alguna misión.
Dante, que entendió que en ese preciso momento estaba viendo por primera vez en su vida al General Domoniccie, se aclaró la garganta e intento decir algo más, pero Salvador pasó por su lado con la espalda reta y los hombros hacia atrás.
Mientras tanto, Mauricio se giraba de