21. Mi regalo para ti
Hice una ligera mueca al ver el auto; era todo menos lo ideal para movernos por la ciudad.
—No pienso montarme en ese auto… ¿Acaso quieres que yo opaque la belleza de tu coche? —Intenté no reírme de forma sarcástica, pero fue imposible—. Trabajé muy arduamente para que toda la ciudad te vea y admire tu exquisito gusto, así que no quiero opacarlo.
Brian alzó su ceja, delicadamente perfecta, sin dejar de mirarme de arriba abajo.
—Pero si lo decoraste así, debe ser porque quieres que cada rincón d