-Thomas-
Seguimos todo el desayuno retándonos con la mirada y debo decir que mi pequeño diablillo se había ganado con creces el sobrenombre que le había puesto su madre, era un verdadero palo en el culo y cada vez que podía me hacía ver su dominio sobre su queridísima madre, alias mi adorada esposita. El juez Robinson se tuvo que retirar y quedamos en invitarlo uno de estos fines de semana para la celebración de nuestro extraño matrimonio. López estaba hablando por teléfono o mejor dicho discu