capitulo...
Otro espasmo me sacudió. Esta vez caí de rodillas.
El impacto contra el pavimento fue real. Demasiado real.
— ¡ Kael ! — gritó Ariadna.
Sus manos me tocaron los hombros.
Y todo empeoró.
Su energía reaccionó al contacto como un instinto defensivo. La marca en su piel respondió… y mi cuerpo, sin Lykan, no supo qué hacer con eso.
El dolor fue inmediato.
Un grito me escapó del pecho, crudo, animal, pero incompleto. Sentí algo desgarrarse por dentro, como si mi estructura estuvi