La noche siguiente al ultimátum de Emily cayó sobre la mansión con un peso distinto, más denso, como si las paredes mismas contuvieran la respiración.
Caleb no fue a su habitación. Tampoco la mandó a buscar. Su ausencia no fue silencio… fue una declaración.
La tensión se acumulaba en cada rincón, invisible pero palpable, como la electricidad antes de una tormenta que tarda demasiado en romper.
Silvia cumplía con sus funciones como siempre, pero algo en ella había cambiado.
Su mirada, ya de po