Nora
—¡Ataquenlo! ¡Atrápenlo! —gritaron los guerreros.
Gael se levantó en medio del shock y, cuando se llevó la mano a la espalda, vi que sus dedos estaban cubiertos de sangre.
—No, no, no… — dentro de mí Indira gritaba.
Estábamos rodeados. Más y más cazadores aparecían. Debía haber muchos más. Ellos sabían que estaban en desventaja aun estando bien armados, así que siempre andaban en grandes números, bien acompañados. Por lo que había aprendido en la guerra anterior, habían desarrollado un con