Aristides
El bosque se veía mejor de lo que recordaba. Los brotes no eran pequeños, blancos y quebradizos, sino verdes y brillantes. Las ramas de los árboles se extendían hacia el sol. Más allá se extendían arbustos y flores silvestres, mientras un aire cálido y aromático llenaba mis pulmones. Parecía como si la manada estuviera en una realidad paralela.
—Así que eres un guerrero que realmente cumple las promesas, señor del bosque —dijo una voz que me paralizó.
Ágata tenía un traje blanco que m