POV: Aurora
El pasillo del ala este debería haber estado vacío.
Debería haber sido solo un túnel de alfombras caras y apliques de luz dorada, el camino silencioso hacia mi habitación donde podría procesar el terremoto biológico que acababa de ocurrir en el coche de Lucian.
Pero no estaba vacío.
Había una sombra.
A cinco metros de mi puerta.
Me detuve en seco. Mi mano, que todavía rozaba mis labios hinchados, cayó a mi costado como un peso muerto.
Kieran.
Estaba apoyado contra la pared, en la penumbra entre dos lámparas. No llevaba la ropa de entrenamiento. Llevaba vaqueros y una camiseta negra, como si hubiera estado a punto de salir. O de venir a buscarme.
No se movía. No respiraba. Parecía una estatua de cera abandonada en un museo cerrado.
—Kieran... —susurré.
Él levantó la cabeza lentamente.
El impacto de su mirada fue peor que un golpe físico. Me hizo retroceder un paso, chocando mi espalda contra la pared opuesta.
Sus ojos grises, esos ojos que siempre habían sido tormenta, fueg