POV: Aurora
No fuimos a un restaurante. No hubo choferes ni trajes de seda.
Lucian conducía un viejo todoterreno lleno de barro. Llevaba vaqueros desgastados y un abrigo de lana gruesa que había visto días mejores. Yo llevaba botas de montaña y tres capas de ropa térmica, porque el destino al que nos dirigíamos no aparecía en los mapas turísticos.
El "Pico del Silencio".
El punto más alto del territorio Silvercrest. Donde la nieve nunca se derrite.
Subimos a pie el último tramo. El viento aullaba, un sonido agudo y cortante que hacía llorar los ojos. Lucian iba delante, rompiendo el viento para mí, ofreciéndome la mano cada vez que el sendero se volvía traicionero.
No hablaba. Su silencio no era el silencio cómodo de la cabaña, ni el silencio tenso del coche. Era un silencio pesado. Litúrgico.
Llegamos a la cima.
No había un templo. No había estatuas de oro.
Solo había dos piedras.
Dos rocas de granito gris, toscas, sin pulir, clavadas en la tierra congelada al borde del precipicio. N