POV: Aurora
Regresé a Blackthorn Manor con una mancha de arándanos en la comisura de la boca y una granada sin anilla en el bolsillo.
El guardia de la entrada me miró con sospecha al ver el Jeep cubierto de barro, pero abrió la verja.
—Bienvenida a casa, señorita.
—Gracias —dije, y por primera vez, no sonó sarcástico. Sonó como una dueña inspeccionando su propiedad.
Entré en la casa. No me quité las botas sucias. Dejé un rastro de barro seco sobre el mármol inmaculado del vestíbulo mientras caminaba directamente hacia el despacho de Marcus.
Mi loba caminaba conmigo, sincronizada. Ya no era una bestia asustada y confundida. Era una socia.
CONTROL, repitió en mi mente.
No llamé a la puerta.
La abrí de par en par.
Marcus estaba en una llamada, de espaldas a la entrada, mirando por el ventanal hacia sus dominios. Se giró lentamente, molesto por la interrupción.
—Te llamo luego —dijo al teléfono, colgando sin despedirse. Me miró con esa mezcla de impaciencia y desdén que reservaba para mí—