POV: Aurora
No me estaban vistiendo. Me estaban embalando.
—Quédate quieta, Aurora. Si te mueves, el cierre no subirá.
Mi madre tiró de la tela con una fuerza que me cortó la respiración. El sonido del cierre subiendo por mi columna fue como el de una bolsa para cadáveres sellándose. Ziiip.
Me miré en el espejo de cuerpo entero. La chica que me devolvía la mirada no era yo. Era una extraña pulida, brillante y aterrada.
Llevaba un vestido de seda azul noche que costaba más que la matrícula de mi universidad. Era hermoso, objetivamente. Se ceñía a mi cintura y caía hasta el suelo en una cascada líquida. Pero se sentía como una armadura. O una camisa de fuerza. La tela era fría contra mi piel sensible, y el corsé interno apretaba mis costillas hasta que respirar se convirtió en un acto consciente y laborioso.
—Estás preciosa —susurró mi madre. Sus ojos estaban húmedos, pero no de alegría. De miedo. Estaba preparando a la ofrenda para el altar y rezando para que los dioses estuvieran sati