POV: Aurora
El olor a desinfectante no podía ocultar el olor a tormenta.
La enfermería de la mansión era un lugar estéril. Azulejos blancos. Máquinas que pitaban con un ritmo cardíaco artificial. Bip. Bip. Bip. Pero en el centro de esa blancura clínica, Kieran yacía en una camilla como una mancha de oscuridad y violencia.
—Saldré un momento —dijo el médico de la manada, un hombre mayor con ojos cansados—. La plata en las garras del Solitario retrasó la curación, pero su lobo es fuerte. Ya está cerrando. Solo necesita... descanso.
Me miró. Miró mi mano, que todavía aferraba la de Kieran como si fuera un salvavidas en medio de un naufragio.
—Y parece que necesita un ancla —añadió en voz baja antes de salir y cerrar la puerta.
El silencio cayó sobre la habitación. Denso. Pesado.
Me acerqué más a la camilla.
Kieran estaba medio desnudo. Los vendajes blancos cubrían su torso desde la cadera hasta el pecho, pero manchas de sangre fresca ya empezaban a florecer a través de la gasa. Su piel a