La luz del sol de la mañana acarició los párpados de Alessia hasta despertarla. La habitación estaba en silencio; solo se escuchaba el rítmico tic-tac del reloj de pared.
—¿Mmm?
Cuando intentó mover el cuerpo, un dolor agudo la atravesó en la parte alta de los muslos, haciendo que su respiración se cortara al instante.
—Ah... me duele... —se quejó en voz baja.
Dirigió la mirada hacia el lado vacío de la cama.
Matteo no estaba allí.
Alessia intentó bajar los pies al suelo. Antes de poder apoyars