Después de casi dos horas dejándose llevar por una pasión incontenible en la bañera, por fin Alessia tuvo un momento para recuperar el aliento.
Su cuerpo estaba tan débil que parecía haber agotado hasta la última gota de energía. Incluso levantar una mano le resultaba extremadamente difícil.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, intentó alcanzar el vestido que estaba junto al tocador. Sin embargo, sus dedos estaban rígidos y sin fuerza; la tela resbaló de su mano y volvió a caer al suelo.
—Ay.