Aquella mañana, Alessia se encontraba mucho mejor. Al otro lado de la habitación, Matteo estaba sentado en el sofá junto a la ventana con una tableta en las manos.
En la pantalla iban apareciendo distintos informes digitales. De vez en cuando escribía algo antes de continuar revisando el siguiente documento.
Desde hacía un buen rato, Alessia no dejaba de mirarlo de reojo. Había algo que quería decirle, pero el valor siempre la abandonaba en el último momento.
Bajó la cabeza mientras sujetaba el