Alessia permaneció de pie en el centro de la sala VIP de la boutique, aunque varias miradas la observaban ahora con evidente desconfianza.
El ambiente, que ya estaba tenso, volvió a cambiar cuando una mujer de unos treinta años entró apresuradamente en la sala.
Llevaba el cabello recogido en un moño y vestía un elegante traje de trabajo. Sobre el pecho lucía una placa con el nombre Viviana. Era la asistente personal de la propietaria de la boutique y la responsable de supervisar el establecimie