Viviana volvió a levantar la mano, pero su movimiento se detuvo a pocos centímetros del rostro de Alessia.
La mujer apenas podía sostenerse por sí misma. Tenía las rodillas dobladas sobre el suelo, mientras el cabello desordenado le cubría parte del rostro y la sangre aún le corría por la comisura de los labios.
—Levántate —ordenó Viviana con frialdad mientras la miraba—. Tu castigo aún no ha terminado.
Alessia intentó levantar la cabeza, pero la vista se le nubló. Apoyó ambas manos sobre el su