Capítulo 51 — El regresó de Damián.
El regreso de Damián al Valle Rojo no fue silencioso.
Los primeros en verlo fueron los centinelas de la frontera norte, apostados en las torres de vigilancia que bordeaban el río Escarlata. Uno de ellos, un lobo joven llamado Tiberio, casi dejó caer su rifle cuando la figura solitaria emergió de entre los pinos cubiertos de nieve. Al principio creyó que era un vagabundo, algún lobo renegado buscando refugio. Pero cuando el viento cambió de dirección y el olor llegó hasta él, su sangre se heló.
Ese aroma era inconfundible. Madera de cedro, especias oscuras y algo más profundo, más salvaje. Era el olor del alfa.
—No puede ser... —murmuró, bajando los binoculares con manos temblorosas.
Su compañero, un guerrero veterano llamado Marcus, le arrebató los binoculares y enfocó la figura que avanzaba con paso firme por el sendero helado. El aire abandonó sus pulmones de golpe.
—Es él —dijo con voz ronca—. Por la diosa luna... es Damián.
El protocolo de emergencia se activó al instante.