DAFNE
Oscuridad.
Fría, oscuridad sin fin.
Me envolvía como un ser viviente —densa y asfixiante— susurrándome mis miedos al oído. Quise gritar, pero no salió sonido alguno. Era como si el propio aire hubiese sido tragado por completo. Mis rodillas golpearon algo húmedo bajo mí, y el olor a hierro y ceniza llenó mi nariz.
Conocía este lugar.
Era la oscuridad con la que solía soñar —la misma que me perseguía de niña cuando mi madrastra me encerraba en la bodega para “endurecerme”.
La os