JORDÁN
No puedo dormir.
Ya no.
Cada vez que cierro los ojos, veo su rostro —el de mi madre—, con la sangre escurriendo de su pecho, susurrando mi nombre como una maldición. Luego es Eleanor. Luego Dafne. Los rostros cambian, se mezclan, se desangran unos en otros, atormentándome.
Las pesadillas solían venir una vez por semana.
Ahora vienen cada vez que parpadeo.
No sé qué me pasa. Pensé que era estrés, culpa… tal vez el peso de liderar la manada de la Luna Roja. Pero esto… esto se siente diferen