ALBA
Me doy la vuelta, medio dormida, trato de alcanzar el pecho de un hombre que sé que se supone que debe estar allí, solo para no tocar nada. Tratando de no dejar que mi imaginación se vuelva loca, me siento en la cama, frotándome los ojos antes de mirar alrededor de la habitación, solo para encontrarla oscura y vacía. Mirando hacia la mesa auxiliar, el reloj marca las 11:10; sólo faltaban cincuenta minutos para la medianoche.
Antes de que los nervios puedan enterrarse, haciéndose un hogar e