JULIÁN
Alba no tardó mucho en quedarse dormida después de que la llevé a la cama. La cubrí con el sobrecama con la esperanza de escabullirme, pero me encontré acurrucándome a su lado. Acercándola a mi pecho, espero que la incertidumbre que se asienta en mis huesos comience a aliviarse con ella en mis brazos, pero es inútil. Una emoción que nunca pensé que experimentaría me tiene en sus garras mortales; miedo.
A medida que el reloj se acerca a la medianoche, la inquietud se asienta en mi estómag