Jeanie
No necesitaba una corona en la cabeza para saber que pertenecía al centro de esa habitación.
Las aspirantes a Luna estaban dispersas entre sillas de terciopelo y sofás bajos, con las túnicas de seda arremolinándose a sus pies, con risas falsas y forzadas, pues cada una veía a la otra como competencia.
Caminé entre ellas lenta y deliberadamente, cada paso medido como una pasarela, con la espalda recta y la barbilla levantada como si fuera mejor que ellas.
Y lo era.
“Asegúrense de que sus