Elara
Despierto con el calor, no con la luz. La cama debajo de mí es demasiado ancha, las sábanas demasiado pesadas, y el aroma en la habitación, sin duda, no es el mío. Mi mente tarda un instante en ponerse al día con mi cuerpo, para que la niebla en mi cabeza se disipe lo suficiente como para que el pánico florezca.
Esta es la habitación de Orión, y su cama. Me levanto demasiado rápido, el movimiento me golpea el cráneo. Lo último que recuerdo es el jardín, la piedra fresca bajo mis palmera