Orión
Era un compañero terrible.
Lo supe cuando Elara se alejó de la mesa, con los hombros rígidos y tensos por la ira.
Pero lo confirmé hoy, cuando pasé junto a una criada y la oí decir algo sobre lo angustiada que estaba Elara anoche.
Sí, esa era la palabra.
Afligida, y sabía que era por mí.
Y sabía por qué, pero por mucho que quisiera correr a su habitación y retractarme, no podía.
En contra de mis deseos, me importaba y nunca me perdonaría si algo le sucediera por mi debilidad.
Esa indecisión me carcomía por dentro y me inquietaba, por eso estaba en la sala de entrenamiento al amanecer, atacando el saco de boxeo como si me hiciera algo.
Por suerte, todavía no había nadie despierto para presenciar mi comportamiento, o eso creía...
La puerta se abrió con un crujido cuando alguien entró. "¿Necesitas un compañero de entrenamiento?" Pierce me gritó, viéndome golpear repetidamente el saco.
"Claro, pero solo si no hablas", espeté.
Tenía ganas de desahogarme y no hablar de ello.
"De acuer