Elara
Al principio, el pensamiento me llega en silencio.
Se desliza en mi mente como un susurro que finjo no oír, como una sombra hacia la que me niego a volverme.
Pero una vez allí, no se va. Permanece en mi pecho, pesado y persistente, ensanchándose con cada respiración que tomo dentro de estos muros del palacio.
¿Y si me voy?
Me siento junto a la ventana mucho antes del amanecer, con las rodillas pegadas al pecho, observando cómo el cielo se desangra lentamente del negro al gris.
El palaci