Freya
Caminé de un lado a otro por la cámara; el sonido de mis botas sobre la fría piedra resonaba como un tambor de furia.
Cada momento desde que no logré matarla había sido como un cuchillo que se retorcía en mi pecho, afilado e implacable.
Elara… esa chica lastimosa e insolente que creía que podría sobrevivir a mi plan, a mi designio, a mi voluntad.
Se había atrevido a respirar en mi contra, y casi la vi morir. Que aún viviera, que aún respirara bajo la atenta mirada de Orión, era una afre