Elara
Las paredes de mi habitación se sentían más pequeñas que nunca, cerrándose como la luz de mil ojos que me habían visto destrozada.
Cada respiración que exhalaba era superficial, irregular, como si el aire mismo llorara lo que había soportado. Me dolían las muñecas donde las cadenas se habían clavado en mi piel, dejando marcas rojas y furiosas como recordatorios de cada momento en que fui humillada ante el mundo.
Intenté sentarme erguida, intenté levantar la barbilla, intenté parecer la misma de siempre, pero el reflejo en el espejo era el de una desconocida. Una mujer reducida a un espectáculo, obligada a arrodillarse y soportar las burlas de quienes una vez llamó sus enemigos.
Cerré los ojos y dejé que los recuerdos me inundaran, sin que nadie los invitara. La fría sonrisa de Freya mientras ella y Keaton se besaban ante la multitud, las carcajadas y burlas que parecían llenar cada rincón de mi mente.
El fuego en mi pecho, la conmoción del dolor, la impotencia de las cadenas...