Elara
Las paredes de mi habitación se sentían más pequeñas que nunca, cerrándose como la luz de mil ojos que me habían visto destrozada.
Cada respiración que exhalaba era superficial, irregular, como si el aire mismo llorara lo que había soportado. Me dolían las muñecas donde las cadenas se habían clavado en mi piel, dejando marcas rojas y furiosas como recordatorios de cada momento en que fui humillada ante el mundo.
Intenté sentarme erguida, intenté levantar la barbilla, intenté parecer la mi