Elara
Caminé lentamente, con la mente nublada, el mundo a mi alrededor era una mancha de colores apagados y sonidos suaves.
Al principio, creí estar soñando, suspendida en un espacio errático entre la vida y la muerte. Mis extremidades me dolían como si me hubieran roto en pedazos y luego me hubieran cosido a toda prisa.
El olor a hierbas e incienso impregnaba el aire, mezclándose con el ligero aroma a sangre. Intenté moverme, y un dolor me recorrió el cuerpo, agudo e implacable.
Abrí los ojos, adaptándose a la luz que se filtraba a través del santuario de sanación, dorada y cálida, pero con un matiz de inquietud.
La presencia de O'rion fue inmediata, envolvente. Estaba sentado junto a la cama, con su antigua armadura desprendida, las mangas arremangadas y los puños apretados a los costados.
Su mirada no se apartó de mí, incluso mientras su pecho subía y bajaba con la intensidad de su furia contenida.
El alivio y el miedo luchaban en sus ojos, y me di cuenta de que sentía más de lo qu