Elara
Caminé lentamente, con la mente nublada, el mundo a mi alrededor era una mancha de colores apagados y sonidos suaves.
Al principio, creí estar soñando, suspendida en un espacio errático entre la vida y la muerte. Mis extremidades me dolían como si me hubieran roto en pedazos y luego me hubieran cosido a toda prisa.
El olor a hierbas e incienso impregnaba el aire, mezclándose con el ligero aroma a sangre. Intenté moverme, y un dolor me recorrió el cuerpo, agudo e implacable.
Abrí los ojos,