Elara
La oscuridad me oprimía por todos lados, densa y pesada, como si estuviera enterrada bajo ella. Mi cabeza latía con latidos lentos y dolorosos, cada uno provocando fuertes punzadas en el cuello y los hombros. Intenté moverme, pero mi cuerpo se sentía débil, inerte, como si ya no me perteneciera.
Una presión fría y húmeda se posó en mi frente, afianzándome lo justo para acercarme a la superficie. Gemí suavemente, el sonido me raspó la garganta, y mis párpados se agitaron al filtrarse la lu