Orión
No solté su barbilla de inmediato... Porque, sinceramente, no pude, aunque debería.
Eso solo debería haberme advertido de que algo raro estaba pasando.
Su piel era cálida bajo mis dedos, más suave de lo que esperaba, como si no la hubiera endurecido la vida que se había visto obligada a soportar.
Pero lo que más me impactó fue cómo el resto del mundo se desvaneció cuando nos miramos... las responsabilidades que pesaban sobre mis hombros, el peso omnipresente que siempre llevaba encima...