Elara
Después de mi discurso improvisado en el patio, parecía que Orión empezó a sentir cierto respeto por mí.
Por ejemplo, me sacó de la habitación donde me tenían encerrada tras el apuñalamiento y me dio una habitación más cercana a la suya.
Pensé que, al verme tan lista, intentaría incluirme en las políticas del parque, pero pasaron los primeros días y, aparte de la breve visita, no me dijo nada más.
Al tercer día, ya me estaba volviendo loca por la misma rutina aburrida en la que me había m