Elara
Estar inconsciente no era un estado vacío como la mayoría creía… al menos, no para mí.
La mía era pesada y asfixiante, y por un rato, ni siquiera sabía dónde estaba.
No había suelo bajo mis pies, ni cielo sobre mí… solo un vacío infinito que lo engullía todo, incluyendo la parte de mí que debería haber luchado por despertar.
Entonces llegó el dolor, una oleada violenta que me desgarró el cuerpo y me arrancó un jadeo entrecortado de la garganta al volver a la consciencia.
Apenas llevaba do