Orión
Mientras observábamos la celda vacía donde se suponía que estaba la chica, sentí que el suelo se movía bajo mis pies.
Al principio, fue sutil, como un leve temblor… casi como si la tierra se partiera en dos.
Ocurrió brevemente y desapareció, pero luego volvió, más fuerte.
Las paredes de piedra a nuestro alrededor retumbaron, un sonido sordo y chirriante que resonó en la cámara como algo antiguo que despertaba furioso.
Levanté la cabeza de golpe. —¿Oíste eso?
—Sí —murmuró—. Eso no es norma