Elara
Me despierto sabiendo que algo anda mal.
No sentí dolor, al menos no al principio, pues estaba confundida al mirar a mi alrededor. Al instante supe que la habitación me resultaba desconocida, con ese silencio que te encoge el pecho antes de que la mente se dé cuenta.
Esta no es mi habitación.
Me doy cuenta de ello mientras la miro fijamente, parpadeando lentamente, viendo cómo la luz se desplaza por el techo en un patrón que no reconozco.
Las sábanas debajo de mí son demasiado suaves y el