—Tienes una reunión con Kaito Yamamoto dentro de dos horas —informó Paul, revisando la agenda de Nicolás en su tablet.
Ambos estaban en la oficina. El asistente permanecía sentado en el sofá, con la espalda ligeramente hundida y los hombros relajados. Por fin, un respiro. La agenda de Nicolás había sido un torbellino los días anteriores, pero hoy, por primera vez en la semana, no había más de tres reuniones encadenadas ni llamadas urgentes.
Nicolás revisaba unos documentos en silencio, con la