Después del desfile, Diana sintió una horrible punzada en el estómago al pisar la entrada de la mansión. Se sostuvo de la puerta, arrugando la expresión por el dolor.
—Auch… —dijo, apretando los labios—. ¿Qué?
Al soltarse para tratar de caminar y seguir adelante, Diana tropezó con su propio pie. Fue un movimiento torpe, casi desesperado, como si su cuerpo ya no respondiera a sus llamados.
Estuvo a punto de caer. El desequilibrio fue tan brusco que por un segundo pareció que todo se detendría