A Helena le dieron de alta al mediodía, y el trayecto hasta su hogar fue silencioso, casi solemne. Al cruzar la puerta, se detuvo un instante. El olor familiar, los muebles en su sitio, la luz entrando por la ventana como siempre… todo estaba igual, pero ella no.
Se sintió nostálgica.
El sofá la recibió como un viejo amigo, y al sentarse, cerró los ojos un momento. No era tristeza lo que sentía, sino una mezcla de gratitud y melancolía. Estaba de vuelta.
Sarai no le soltaba la mano, incluso s