Paula estaba sentada frente a los presentes, con los ojos enrojecidos y un pañuelo arrugado entre las manos. Las lágrimas caían, sí, pero no eran producto del dolor.
Le costaba mucho llorar por algo que, en el fondo, no le dolía. Había ensayado esa expresión frente al espejo.
—No puedo creer que haya pasado esto… —murmuró, con la voz rota.
—Tienes que decirnos cómo fue que sucedieron las cosas —exigió Haru, mirándola con desprecio.
—Y-yo… es muy difícil. Lo que vi fue… —titubeó, luego soltó un sollozó.
—Habla de una vez —masculló Emma—Y más te vale que digas la verdad.
Paula tragó saliva.
—No estaba con Nicole cuando sucedió. Me dieron ganas de ir al baño, por lo que la dejé sola un momento —comentó, limpiándose las lágrimas—. Al regresar, vi cómo un hombre enmascarado se la llevaba cargada. ¡Nicole estaba desmayada en sus brazos! A saber qué le habrá hecho… me siento inútil por no haberla ayudado. ¡Llegué demasiado tarde! Nicole estaba bastante alejada de la gente, por lo