Nicole se terminó de arreglar sin muchas ganas. El vestido que eligió era sencillo y elegante a la vez. Esa noche, la familia completa iría a visitar a Maikol y Kaito, quienes organizaban una cena por su regreso.
Habían invitado a todos sus viejos amigos, como si el pasado pudiera reunirse en una sola mesa.
Nicole se miró al espejo una última vez, preguntándose por qué Bruno había jugado con ella de esa forma.
—¿Ya estás lista? —Noah se apoyó en la puerta abierta.
Nicole se retocó la pintura labial y miró a su hermano.
—Sí, ya bajo.
—¿Cómo te sientes?
—Mejor que nunca.
—¿Mejor que nunca? —cuestionó.
—Si lo dices por lo de Bruno, estoy bien —mintió, bajando la cabeza.
—¿Crees que puedes mentirle a tu mellizo? —inquirió, alzando una ceja con ofensa—. ¿De verdad, Nicole?
—Lo siento —rio—. Sabes que me siento terrible y todavía no lo supero. No he dormido bien de tanto llorar.
—Vamos, seguro que ver a Haru otra vez te distraerá —comentó.
Noah se acercó y la rodeó con el br