Unos años después…
Los mellizos estaban cumpliendo cinco años. Corrían por toda la casa, siendo perseguidos por Emma, la hija de Karen y Paul. Había salido con el cabello castaño de Karen y los ojos oscuros de Paul.
Las risas llenaban cada rincón del hogar, mientras los globos de colores adornaban toda la casa y el aroma a pastel recién horneado llegaba a sus fosas nasales.
Emma, con su vestido de princesa, no dejaba de reír mientras huía de los pequeños, se escabullía entre los muebles como un torbellino de energía.
—¡Espéranos, Emma! —gritó Nicole, con la respiración entrecortada.
—¡Son muy lentos ustedes dos! —refutó, sin parar ni mirar atrás—. ¡Llegaré primero al patio y comeré pastel!
Noah, en medio de la persecución, terminó cayéndose. Nicole se detuvo al ver que su hermano estaba tirado en el suelo.
—¡Ah!
—¡Noah! Oye, ¿te golpeaste muy duro? —preguntó su hermana, agachada junto a él.
Emma, al escucharlo, corrió hacia Noah y se arrodilló junto a él con preocupación. El ni